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Roquete el del Copete y Chateau Montelena

Cabernet Sauvignon
2018

Napa Valley, California, EUA

Basado en los cuentos de Charles Perrault, 1691

Roquete el del Copete y Chateau Montelena
Ilustración de Henry Emy

Con todo el amor que una madre puede profesar a un hijo, la reina escuchaba las
elocuencias de un pequeño, pero cada día más feo, Roquete. Eran cortas frases
infantiles, pero tan llenas de gracia que embelesaban a su majestad y la llenaban de
orgullo. Con delicadeza, la soberana tomó su copa de vino y observó el contenido con
cuidado, no quería interrumpir al pequeño. La bebida era un Cabernet Sauvignon de
Chateau Montelena, 2018 del Valle de Napa.
El vino de color ciruela con ese matiz cereza era tan brillante como las cortinas del salón
donde Roquete tenía a su madre escuchando sus narraciones. Los cachetes del pequeño
se sonrojaban al sentirse admirado y parecían querer refulgir como aquel líquido. La reina
escuchaba a su pequeño y sin quitarle la mirada, acercó su copa a su rostro.
Un delicado pero expresivo abanico de aromas distrajo un poco a la reina, notas de
cereza fresca y regaliz la envolvieron. Poco a poco se fueron sumando aromas de
arándano fresco, ciruela, granos de pimienta y toques de finos embutidos. Una agradable
risilla de Roquete hizo que la monarca nuevamente fijara toda su atención en el pequeño,
eran tan adorables sus palabras, que sus facciones tan desfavorables parecían
difuminarse.
Con una amplia sonrisa y la mirada completamente absorta en Roquete, la reina dio un
sorbo a su copa. El vino amablemente se fue deslizando por su boca, dejando a su paso
una agradable presencia que enjugaba gradualmente. Risas provocaban las frases que
enunciaba el niño, y la madre disfrutaba aquel momento porque al parecer hasta su
bebida parecía regocijarse de las palabras acariciando tersamente su paladar.
Roquete nunca se sintió acomplejado ante su evidente fealdad, la mirada llena de amor
que su madre le profería lo hacía sentir el niño más especial del mundo. La reina lo
contemplaba y se dejaba llevar por sus preciosos mensajes. Sus palabras eran tan dulces
como los pensamientos que su vino dejaba en su mente al ser tragado: finas jaleas de
frutos del bosque adornadas de especias con toques terrosos y mentolados.
Llegó la hora de la cena y madre e hijo se sentaron a degustar un faisán con confitura de
frambuesa, rodeado de una corona de ejotes y hongos silvestres salpicados de una mezcla de pimientas.

Después de lo placentero de la comunión entre viandas y bebida,
parecía que nada podía ser mejor en ese momento, pero un gran abrazo de Roquete
rodeó a la reina y la hizo sentir la madre más especial. La reina sólo deseaba que su
pequeño pudiera encontrar en un futuro una princesa que pudiera ver lo bello de su
interior.

@cuentosdecatas

Para más inspiración: @chmontelena

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