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La Reina de las Nieves y E. Traber

Sylvaner

2021

Alsace AOC

Alsacia, Francia

Basado en el cuento de Hans Christian Andersen, 1835

Ilustración de Elena Ringo, 1998

Después de sobrevolar tan rápido surcando los helados ventarrones, por fin el trineo de la Reina de las Nieves se detuvo. Ella y Kay, quién debido al primer beso en la frente de la helada regente ya no tenía frío, comenzaron a conversar. Mientras escuchaba toda la información que el niño le compartía, la esbelta mujer sacó de la parte trasera del carruaje una botella de E. Traber Sylvaner, Alsace AOC 2021, para acompañar el momento.

Kay comenzó a compartirle a la reina sus conocimientos sobre cálculo y fracciones, mientras los gélidos ojos de ésta observaban su delicada bebida color paja con una delicada herradura dorada, algunas burbujas aparecían en el cáliz del recipiente cual tímidos copillos de nieve. Todo en la mujer le parecía perfecto al chico.

Mientras Kay mencionaba que sabía cuántos kilómetros cuadrados y cuántos habitantes tenía su país, la reina inspiraba dentro de su copa y se imaginaba aquella extensión de tierra forrada con aromas de piña, piedras, polvos de talco, y flores blancas silvestres. Eran perfumes que a ella le gustaba percibir en los vinos, ya que en sus hostiles tierras era imposible que hubiera elementos donde encontrarlos.

Los fríos labios de la reina de las nieves tocaron la delicada copa y recibieron con amabilidad al vino que provocaba una ligera salivación y que brindaba a la helada boca una agradable sensación de calidez. Esos contrastes eran como un prohibido goce que de vez en cuando se permitía la mujer. Para ella, tener la compañía de Kay y escuchar sus narraciones eran uno de esos momentos.

El niño no paraba de hablar y la reina se dejaba llevar por pensamientos de duraznos, de agua de azahar y de pacas de heno fresco como las que solían disfrutar sus caballos y sus renos favoritos. Eran recuerdos que no duraban mucho y gradualmente se difuminaban como vapor, pero la reconfortaban mientras volvía su atención a Kay; casi era hora de retomar el vuelo.

Antes que los caballos volvieran a tirar del trineo, la Reina de las Nieves sacó un contenedor de hielo lleno de ostras frescas coronadas con láminas de queso Havarti y espolvoreadas con eneldo fresco. Entrelazando sorbos de vino con sorbos a las gruesas conchas, la reina se dejó llevar por un momento de embriagante placer. Kay no habría podido imaginar un rostro tan bello y con una actitud tan elevada… ya no le parecía de hielo como antes.

Para más inspiración: @cuentosdecatas

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