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Los Dos Caminantes y Réserve Des Lys

Rosé D´Anjou AOC

2020

Val de Loire, Francia

Basado en el cuento de los Hermanos Grimm, 1812

Ilustración de Ediciones Alonso, 1965

Fácil ganar, fácil gastar era el lema del alegre sastre, quien no dudó en compartir sus monedas en la taberna con su compañero, el malhumorado zapatero. Una botella de Réserve des Lys, de la AOC del Valle de Loire, Francia Rosé d´Anjou, 2020 fue en lo que las gastó. El sastre había escogido ese vino porque su color le recordó las mejillas de la hija de un maestro al que acababa de visitar, a la cual había robado un beso. Cómo disfrutaba esos encuentros en las que honraba con toda sinceridad a sus compañeros de profesión.

El zapatero, en cambio, padecía esas visitas a sus colegas en los pueblos por los que caminaba. Apenas se molestaba en convivir, pues sabía que el alegre sastre, compartiría con él sus ganancias durante su travesía hacia la gran ciudad, como era el caso de esa asalmonada botella de vino. Con cantos y silbidos, el sastre llenó dos copas en las que destellos platinados parecían enmarcar al brillante líquido.

Más animado parecía el sastre al percibir que de su cáliz se desprendían unos delicados aromas de frutillas frescas, pétalos de flores silvestres con rocío de agua de río, salpicados con menta y hierbabuena fresca. Era como volver a tener frente a él a la tímida joven que lo había besado hacía unos días. Tanta candidez en el ambiente contrastaba con la mala cara del zapatero, él quería esbozar una sonrisa con los agradables aromas del vino, pero se sentía engolosinado con la actitud de su compañero caminante.

La bebida que se había comenzado a expresar tímidamente fue tornándose más efusiva aromáticamente, el sastre dio un buen sorbo y una gran sonrisa apareció en su rostro. El hombre sintió cómo fluía su bebida con amabilidad, dejando a su paso una tenue, pero prolongada salivación, mientras su lengua continuaba vibrando; la imagen de la joven a quien besó volvía a su mente, y a su corazón. El zapatero imitó a su compañero caminante, y su talante cascarrabias comenzó a ceder y se dejó llevar por esa sensación de caricias en el interior de su boca, casi le resultaba placentero el momento, pero la envidia hacia su compañero sólo consiguió acrecentarse.

La malicia quería aumentar en la mente del zapatero, pero las fragancias de caramelos frutales, con puntos mentolados y coronas de flores que aparecían después de cada trago del vino lo controlaban y contenían con dulzura. Esa misma esencia era la que tenía al sastre en un estado de ensoñación del que no quería salir. Y como si nada pudiera estar mejor, el mesero de la taberna les llevó de obsequio una tapa del día, era una tosta de pan de centeno untada con un poco de puré de camote y coronada con una ventresca de anguila salpicada de hojas frescas de menta.

El sastre sabía que la suerte estaba de su lado, agradecía poder guardar el recuerdo de ese momento en su mente y compartirlo con su compañero, aunque él no se lo agradeciera. La botella estaba llegando a su fin, el día también y el espeso bosque que separaba a los caminantes de la gran ciudad los aguardaba al día siguiente. ¿Qué camino seguir? Algo era cierto, la personalidad de cada hombre dictaría el sendero de sus pasos y decisiones.

Más cuentos en: @cuentosdecatas

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