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LI BAO-CUI CUI Y SILENI ESTATES

Sauvignon Blanc

2021

MALBOROUGH, NUEVA ZELANDA

Basado en el cuento Chino Han

Li Bao entró con cautela a la impresionante casa de Qing Qing, el recibimiento por los padres del muchacho lo hicieron sentir bienvenido. Los platillos que circulaban en la mesa eran un verdadero manjar, y entre las teteras, resaltaba una botella de Sileni Sauvignon Blanc 2021, de Marlborough, Nueva Zelanda. Li Bao no dudó en hacerse de una copa del vino. 

El fulgor que emergía del vino, era casi tan verdoso como el atuendo de Qing Qing; ahora todo quedaba claro al relacionarlo con aquella esmeráldica serpiente que había salvado el día anterior. Y reptando como aquel viperino animal, comenzaron a surgir notas cada vez más intensas de lima, limón amarillo y maracuyá, enmarcadas por adornos de pasto fresco, flores cítricas y delicadas crestas de ola de mar.

Con el mismo ímpetu de las olas marinas, Li Bao se dejó impregnar por el vino dentro de su boca. Un torrente de salivación llenó al humilde joven de una intensa frescura. Era como el viento de la cima de la montaña, que hacía unos instantes acariciaba su rostro. Tanta abundancia hacía que la sensación que provocaba la bebida culebreara dentro de sí como la batalla que valientemente detuvo.

Cuando todo su ser se encontraba inmerso en esa jugosa fragancia cítrica y tropical, con toda esa decoración herbal y mineral, Li Bao se sintió tan pleno que no podía pensar en nada más. En el momento que el padre de Qing Qing le preguntó qué objeto deseaba como recompensa, el prudente joven no sabía cómo solicitar el palo de raíces de azufaifa. 

Antes de retirarse de la casa de Qing Qing, Li Bao quiso sellar ese momento de halagos con un recuerdo gastronómico: enjugó un mordisco de langostino envuelto en hilos de pasta crujiente marinado en jugo de lima y cebollín, en un gran sorbo de vino. De inmediato una estampa de un cálido placer recorrió al joven, y se plasmó en lo más profundo de su memoria. No podía imaginar cosa más exquisita que ese bocado, ninguna recompensa podría superarlo. Sólo que Li Bao olvidaba que no había sido una, si no dos, las serpientes rescatadas aquella tarde.

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