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La Muerte, Madrina y Decoy

Merlot

2018

Sonoma County, EUA

Basado en el cuento de los Hermanos Grimm, 1812

Ilustración del Índice Aarne-Thompson-Uther

Después de una larga jornada de trabajo, el famoso médico decidió tomar un descanso en su hogar. Ese día su madrina, la Muerte, había decidido que todos sus pacientes vivirían. El joven salvó a 10 personas con sus conocidos remedios de hierbas, había sido otra fecha memorable. Sentado a su mesa, descorchó una botella de Decoy Merlot, 2018 de Sonoma County, se encontraba en la perfecta temperatura para ser disfrutado.

El vino resplandecía en su copa con sus tonalidades ciruelas y reflejos bugambilias, parecía reflejar el bodegón que cálidamente decoraba el comedor del médico. Vueltas daban en su mente los recuerdos de los agradecidos familiares, al compás de las vueltas que daba la bebida en su copa. Y así como los pensamientos se adherían a su orgullo, el líquido parecía también querer pegarse al cristal.

El ego de aquel joven, iluminado por su fúnebre madrina, se acrecentaba al ritmo de los aromas que de su copa surgían. Notas de grosella fresca y eucalipto comenzaban a inundar la habitación, y se acompañaban de petricor, hojarasca, pimienta negra, canela seca y ligeros champiñones frescos.

Al probar su vino, el médico se dejó llevar por esa amabilidad del líquido al deslizarse por su boca, que comenzaba a enjugarse cada vez más. Esa humedad que provocaba su bebida le incitaba jugar con su lengua y deleitarse con la tersura que acariciaba sus encías. Y al tragar, el joven exhalaba para suavizar el ligero amargor. Sensaciones placenteras que él comparaba cuando debía hacer alguna curación para posteriormente admirar la herida sanada.

Con la misma intensidad que al ser inhalados, los aromas se volvían a presentar después de que el vino era tragado, parecía un bucle infinito cuyo centro era un sorbo terso y jugoso. Ese equilibrio recordó al médico el balance que su madrina mantenía en el poblado. Aceptar el llamado inevitable de los pacientes que no debían ser salvados, le daba al joven seguridad.

Después de haber tomado media botella, el médico sintió el deseo de comer algo para terminar su botella y así cerrar un glorioso día. Con la pericia de quien domina sus manos, elaboró una crepa de higos con champiñones y la espolvoreó de hojas frescas de menta y queso de cabra. Fue un acompañamiento gustoso y reconfortante.

Tanto agradecimiento y reconocimiento, arropado de ese momento de placentera voracidad llenaron de soberbia al médico. El joven se sintió poderoso y capaz de jugarle una treta a la Muerte. Su madrina le perdonaría, podría salirse con la suya, si tan sólo se le presentase la oportunidad para intentarlo…

Para más inspiración: @cuentosdecatas

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