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Idunn y las Manzanas de la Juventud y Sonoma-Cutrer

RUSSIAN RIVER RANCHES

Chardonnay

2020

Sonoma Coast, Sonoma, EUA

Basado en los personajes de la mitología nórdica

Ilustración de John Bauer

Agotada de los engaños de Loki, aunque agradecida con él y con Freyja por su rescate del gigante, Idunn decidió que era momento de hacer una pausa. En su majestuosa morada, y acompañada de bella música de arpa, la diosa de la eterna juventud decidió sentarse a beber una copa de vino. Ella eligió para esa ocasión un Chardonnay de Sonoma-Cutrer, el Russian River Ranches 2020 de Sonoma County, EUA.

Cuando la diosa vertió el vino en su fina copa de cristal, ese río color dorado pajizo parecía fundirse con sus rubias trenzas que descansaban en sus afilados hombros. El color de la bebida era tan bello e intenso como ella, sonrío. Con un delicado movimiento, la fina mano de Idunn elevó el cáliz y lo acercó a su cara. La deidad se dejó envolver por la oleada de aromas que la envolvían, parecía exaltada al reconocer a la manzana amarilla como parte de ese perfume.

La fragancia que llenó la habitación de Idunn estaba matizada, además de manzana amarilla, por limas y limones eureka, acompañados de hojas de cítricos, flores de azahar, pimienta blanca, puntos calizos y una ligera sensación de migas de pan remojadas en leche. La diosa se tomó varios minutos en disfrutar ese desfile nasal que le embriagaba la mente; jugaba con su copa para modular la intensidad aromática al ritmo de las melodías que escuchaba.

Por fin Idunn decidió probar su bebida, el vino provocaba una tersa, pero penetrante, salivación en su boca que se intensificaba conforme pasaba, y armonizaba con el punto salado y amargo que quedaba al tragarlo. La diosa disfrutaba de esa carnosa frescura que llenaba su embocadura con cada sorbo. Aún después de tragado, el vino parecía querer dejar su espíritu dentro de Idunn y eso la llenó de la vitalidad necesaria después de su difícil encierro.

Con su ser inmerso en ese perfume que inhalaba del vino y que se dibujaba nuevamente en su mente después de beberlo, Idunn llamó a su fiel cocinera y le ordenó una merienda. Necesitaba reponer fuerzas, los dioses necesitarían de ella y de sus manzanas para recuperar la juventud y salud perdidas en su ausencia. La diosa se regocijó al ver llegar la bandeja de oro sosteniendo una codorniz con glaseado de lima, acompañada de poros braseados espolvoreados con delicadas láminas de queso Västerbotten. Una cena y un vino que quedarían en su memoria hasta la eternidad.

Para más inspiración: @cuentosdecatas, Sonoma – Cutrer, @sonomacutrer

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