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El Músico Prodigioso y Fillaboa Selección Finca Monte Alto

Rías Baixas DO
2020
Galicia, España

Basado en el cuento de los Hermanos Grimm, 1812

Ilustración de EJ Beachy

Al encontrar el sitio perfecto en el bosque para descansar y practicar sus
melodías, el músico prodigioso se detuvo y colocó sus pertenencias sobre una
húmeda piedra. El hombre reparó en una botella que venía cargando desde su
último recital, había sido un obsequio por su majestuosa interpretación, y qué
mejor momento para beberla que solo con sus pensamientos en ese maravilloso
paisaje. La botella de Fillaboa Selección Finca Monte Alto, 2020 de la DO Rías
Baixas
se encontraba en la temperatura perfecta para ser bebida, las frescas
brisas del soto le habían sentado bien.
Al tomar la botella en sus manos, el músico apreció la curvatura de ésta, esas
curvas que también encontraba en su violín y lo seducían en cada interpretación;
las mismas que disfrutaba acariciar de su única y apreciada copa de cristal.
Cuando el delicado líquido pajizo comenzó a acumularse dentro del cáliz, el joven
sentía cómo de igual manera iba él llenándose de inspiración. Las notas de piña
verde, durazno blanco, manzana amarilla parecían dibujar acordes con armonías
de lima y pasto de limón velados en un perfume de masa madre.
Al deslizar el líquido por su boca, el músico sintió un arpegio de sensaciones: una
fresca salivación acompañaba a una sutil cremosidad que reverberaba en cada
comisura, era como si la cinta de su arco hubiese tocado dentro de él fraseando
con un elegante rubato.

El hombre se dejaba seducir por las emociones
provocadas por su bebida, sabía qué melodía interpretar tan pronto terminase su
copa, pero debía tener paciencia. Si el músico quería que la inspiración musical
estuviese completa, aún le quedaba por disfrutar.
Con cada trago, la exhalación que proseguía atestada de pensamientos al
maravilloso intérprete: largas cadencias complejas de frutas cítricas

acompañadas de heno, hinojo, búlgaros, piedras calizas y staccatos minerales. Toda esa
experiencia gustativa parecía infinita y se desvanecía lentamente en un tono
melifluo que hizo vibrar al músico hasta el fondo de su alma. Con gran templanza
tomó su preciado violín y comentó a tocar.

El adagio que emergió de las cuerdas resonaba en el bosque como si de un pulso
sentido y profundo se tratara. El músico deseaba un compañero para compartir su
melodía. De pronto, escuchó pasos emerger de la maleza. Si tan sólo fuera un
buen cómplice musical, el momento sería mágico, sin embargo, las pisadas no
eran como el joven imaginaba, parecía una euritmia de cuatro patas, cautelosas,
sigilosas, curiosas.

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