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El Tlacuache y el Fuego con Viña Tarapacá

Carménère Gran Reserva

2020
Valle de Maipo, Chile

Basado en la leyenda Náhuatl

El pequeño tlacuache debía poner en su cara una gran expresión de ternura antes de
llamar a la puerta de la ambiciosa anciana; tenía que demostrarles a los incrédulos
pobladores que él podía entregarles el fuego capturado. Con sumo cuidado, rascó en el
rellano de la vivienda para que la vieja lo escuchase. Con mala cara, la mujer abrió la
puerta y miró al tlacuache tiritando de frío; sintió pena por él, se veía tan indefenso, y lo
dejó pasar.
Tan pronto el tlacuache entró en la morada, se puso a observar para encontrar el fuego
atrapado. Sus ojos buscaban el fulgor y de pronto, algo en la mesa de la anciana llamó su
atención. Era una tosca copa llena de un brillante vino ciruela con destellos rubíes. El
pequeño marsupial sintió curiosidad y se acercó a la mesa. A la vieja le pareció gracioso
que el animalito se acercara a su copa de Viña Tarapacá Carménère Gran Reserva, el
vino que tanto gustaba beber.
La mirada del tlacuache enterneció a la anciana, y ésta le sirvió un poco de su vino en un
cuenco de madera. El animal se encontró con una oleada de expresivos aromas, frutos
rojos silvestres arropados en tierra y hojas, y parecía que su cuenco de madera se fundía
con la expresión aromática de esa bebida. Acercó su largo hocico y cuando estaba a
punto de comenzar a beber, le pareció sentir notas de pimientos verdes y ejotes, también
un recuerdo de lentejas y garbanzos sazonados con pimienta negra y roja, el animal sintió
hambre.
El tlacuache acercó su lengua al vino e introdujo una buena cantidad en su hocico. De
inmediato, un agradable calor comenzó a compensar el frío que lo había calado mientras
caminaba hacia la casa de la anciana. Los filosos dientes del marsupial se llenaron de
una espesa saliva que parecía hacerse más ligera si él masticaba su bebida. Esa ligera
tosquedad que el vino imprimía en el hocico del tlacuache, le generaba placer; lo hacía
recordar esos crujientes grillos de la pradera.
La anciana parecía ignorar al animal, no se sentía amenazada por él y bajó
completamente la guardia, dejando el paso hacia el fuego completamente despejado. El
tlacuache se dio cuenta de esa relajación en la mujer, y sabía cuál debía ser su siguiente
movida. Antes de acercarse al fuego, el marsupial decidió terminarse todo el cuenco de
vino, llenar su mente de esas fragancias de bosque, un tanto seco, que había disfrutado
mientras lo olía y que ahora parecían danzar en su mente.

El tlacuache se imaginó vitoreado en el pueblo cuando llegase con el fuego para todos.
Los dioses lo premiarían y por fin los cazadores dejarían a su especie en paz. Una cosa lo
preocupaba, ¿cómo iba a hacer llegar el fuego hasta el pueblo? El calor del vino le dio
ese valor para tomar una incrédula decisión; sacrificaría el pelaje de su cola con tal de
llegar triunfante. Con mirada tímida pero decidida, mientras la vieja seguía relajada en su
silla, el tlacuache se encaminó hacia el fuego hasta que el calor de su interior, y de su cola, se fundió con él.

@cuentosdecatas

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