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El Sastre y La Zarza, Luis Cañas

Rioja DOCa

Crianza 2014

Rioja, España

Basado en la fábula de Ezequiel Solana Ramírez, 1922

Casi finalizado el trabajo del temeroso sastre, por fin pudo estirarse y tomar la copa de Luis Cañas Crianza 2014, Rioja DOCa que su cliente le había servido durante una pausa de las costuras. La temblorosa mano del sastre, angustiado porque la noche comenzaba a caer, acercó la bebida color ciruela que en sus márgenes ostentaba una tonalidad que se parecía fundir con los ladrillos de la morada.

Una inspiración bastó para que el sastre comenzara a relajarse y dejarse llevar por una oleada de aromas a fresas y cerezas enjauladas en cáscaras de nueces, y adornadas con puntos de vainilla, hojarasca, laurel, tierra húmeda, pimienta, clavo y canela. Tan pronto la ensoñación de los potentes aromas se disipaba, la angustia de caminar en la oscuridad a su hogar lo aterraba.

Cuando los pensamientos fatalistas abrumaron de nuevo al sastre, el cliente, satisfecho con las composturas a sus prendas, le recordó que probara el vino. Con tremor en los labios, el costurero sorbió y por su boca brotes de saliva comenzaron a aparecer. De golpe pasó la bebida y un ligero amargor lo distrajo. Se dispuso a beber de nuevo, y nuevamente sus ideas negativas desaparecieron mientras una textura como de cálida caricia le cubría las mejillas por dentro.

El sastre pensó que si bebía rápidamente, de igual manera podría salir de su encomienda y los peligros de la noche no serían mayores. Su boca se tornaba cada vez más acuosa, y a la vez tersa, a medida que engullía con presteza su copa; pero lejos estaba de liberarse de aquel insistente cliente.

El nerviosismo que iba y venía en la mente del sastre, se nublaba por momentos bajo una nube de pensamientos de una jalea de frutos rojos y negros anidada en una bandeja de maderas finas con los mismos adornos aromáticos que había inhalado minutos antes. Y como si de un mago se tratara, su contratante pareció leerle los pensamientos.

El cliente, sabedor de lo peligroso del camino por las noches, se ofreció en proveer una merienda al sastre para que no tuviese que desviarse a alguna taberna nocturna. El costurero comenzó a sentir una opresión en su pecho de imaginar el tiempo que le tomaría comer el tentempié ofrecido. El nervioso hombre miró con recelo el bocadillo de láminas de ternera con pasta de pistaches, sin embargo, el vino le había provocado hambre. Al comenzar a comer y dar los últimos sorbos a su vino, una súbita calma lo arropó y su cuerpo se dejó guiar por una placentera satisfacción.

En el momento que todo parecía estar en calma, el cliente ofreció un bocado final: un pincho de queso manchego con una zarzamora. Súbitamente, la angustia comenzó a trepar por el cuerpo del sastre y lo tensó cual tronco. Los ojos del sastre se llenaron de terror, y como si la zarzamora tiñera al queso en un matiz que le recordó al vino recién bebido, bien podían ser recuerdos de algún sangriento encuentro con un salteados de caminos. Sin despedirse, el costurero salió despavorido de la morada… era noche, era peligroso… la zarzamora sobre el queso… tenía que llegar a su casa.

@cuentosdecatas

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