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CUENTO DEL PRIMER JEQUE Y JACKSON-TRIGGS

Reserve Merlot

2018

VQA NIAGARA PENINSULA, CANADÁ

Basado en los cuentos de las Mil y una Noches, 1710

El jeque y jackson-triggs

Ilustración de Léon Carré

El Jeque estaba incrédulo ante la posibilidad de que su amado hijo fuera el ternero que estuvo a punto de sacrificar. La joven hechicera que prometía liberar al heredero de su maleficio notó el semblante del señorial hombre y le ofreció una bebida; la botella que acercó a él era Jackson-Triggs, Reserve Merlot 2018 de la península de Niágara. El ansioso cacique no dudó en aceptar la copa recién servida, y con brusquedad la acercó a él.

El líquido vertido parecía recordarle al Jeque la sangre que derramaba su querida concubina, convertida en vaca, al momento de su sacrificio. Si tan sólo él hubiera estado consciente del conjuro, hubiera evitado la dolorosa e impactante muerte. El visualizar su copa llena lo inundó de un remordimiento abrasador y prefirió cerrar los ojos. En ese momento, el hombre se dejó tranquilizar por los perfumes del vino.

Con cada respiro del Jeque, aromas de pequeñas bayas azules y cerezas comenzaban a reptar por su nariz. Esas esencias se acompañaban de puntos de canela, vainilla, cacao y delicadas sensaciones terrosas. El hombre pausó poco a poco su acelerada respiración y la contuvo para observar cada movimiento de la joven, quien llenaba una artesa de cobre con agua.

Con gran expectación, el Jeque dio un sorbo grande a su bebida. El líquido se introducía con moderada presencia y parecía abrazar el interior de la boca del cacique, mientras dejaba a su paso una capa reconfortante y aterciopelada. El jeque sudaba y su lengua salivaba, esa humedad llena de nerviosismo lo llevó a beber copa tras copa mientras la muchacha estaba por comenzar a manifestar su magia para romper el hechizo a su hijo. El ternero fue llevado a la habitación y con una mirada llena de amor, observó a su padre. 

La conmoción en el corazón del Jeque se hizo evidente a todos los presentes. El hombre bebió de golpe el contenido de su copa y en su mente los recuerdos de una cornucopia de abundancia repleta de fresas, cerezas, moras y casis rodeadas de especias dulces y hierbas frescas le dieron gran aplomo para casi afirmar que lo que decía la muchacha era cierto, el animal era en realidad su hijo amado.

Una vez terminado el ritual de la joven, el ternero adquirió de nuevo su forma humana y el padre se lanzó a él prodigándole besos perfumados de vino. La promesa del matrimonio de su hijo con la muchacha sería cumplida. Para festejar el momento, el Jeque mandó traer un estofado de faisán con hongos silvestres acompañados de garbanzos glaseados en mermelada de jitomate con hierbabuena. Los aromas de esa gran celebración cubrieron al poblado por completo.

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