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Blanca Nieves y Emotion

Côtes de Provence AOC

2019
Provence, Francia

Basado en el cuento de los Hermanos Grimm, 1812

El miedo de haberse sentido atacada por su madrastra y los pensamientos de que
pudo haber perdido la vida, agitaron a Blanca Nieves. Los enanitos habían sido
muy buenos con ella y debía corresponderles. Preparó la mesita y puso a enfriar
una botella de vino rosado Emotion, 2019 de la denominación francesa Côtes de
Provence
. Quería hacerlos sentir especial como ellos lo hicieron cuando llegó
asustada y temerosa.
Al caer la noche, llegaron los 7 enanos cansados de su faena en las minas. Uno a
uno se fueron colocando en sus lugares y se maravillaron de todos los detalles
que había puesto Blanca Nieves con esmero. La niña se acercó a llenar sus copas
del vino rosado que caía con la temperatura perfecta y los dejó a que lo disfrutaran
mientras terminaba de preparar la merienda. El primer enano al observar el líquido
de su copa no pudo más que recordar los cuarzos rosados, perlados y traslúcidos,
que adornaban el camino a la profundidad de la mina.
El segundo enano, no prestó tanta atención al color de su bebida, pero sí se dejó
llevar por los aromas que de ésta emergían; era como recordar su infancia cuando
recogía los duraznos del huerto que se encontraba al lado del riachuelo mientras
su madre tejía coronas de flores. El tercer enano también se embelesaba con las
fragancias del vino que le estampaban una templada pradera en su mente. Ese
par, cerraba sus ojos e inspiraba mientras el ajetreo de Blanca Nieves
acompañaba como música de fondo.
El cuarto enano, un poco más malhumorado que los demás, bufaba ante las
miradas románticas de sus amigos. Él sólo dejaba que el vino entrara a su boca
de manera brusca, lo que provocaba una repentina salivación, no muy duradera,
pero que armonizaba bien con toda esa sensación de frescura y mineralidad que
tanto conocía después de años de trabajo en las minas de las montañas.
El quinto y el sexto enano, con miradas cómplices, imitaron a los 4 enanos y
disfrutaron de su vino fresco, y cada vez más aromático de una manera más
completa. Después de cada trago y exhalación, ellos pensaban que, en esa

ocasión, eran los más atinados y se soltaron a carcajadas frente a los demás. Sólo
el séptimo enano permanecía quieto y en completo silencio.
Blanca Nieves notó que el último enano a la mesa no había probado aún el vino, y
se acercó a preguntarle si no le había gustado su sorpresa. El enano con
parsimonia le contestó que la mesa era bella y que las flores que había colocado
en ella resaltaban con el vino, y que desde que llegó y la vio feliz con la faena que
había preparado para ellos, sus mejillas sonrosadas parecían fundirse con el color
de cada copa, pero que él era el más sabio y eso lo hacía no probar todavía la
fresca bebida.
Intrigada, Blanca Nieves preguntó al séptimo enano qué faltaba. Él contestó que
esperaría a que ella se sentara a la mesa y compartieran juntos la cena. Ese
comentario provocó la pausa de todos los demás enanos, que dejaron el resto de
su copa en espera de que la niña tomara su lugar entre ellos. Con sus pequeñas
manos colocó en el centro de la mesa, la trucha asalmonada que habían pescado
por la mañana, aliñada con toronja y hierbabuena, como acompañamiento había
un puré de manzana rostizadas.
El séptimo enano alzó su copa y tomó su tenedor, con la misma delicadeza que
usaba para abrir vetas en las minas sin dañar los minerales, y fundió su bebida
con la modesta merienda que Blanca Nieves había preparado. El momento era
sencillo, pero se convirtió en algo sublime, más allá de bebida y comida, fue la
emoción de la gratitud entre los toscos hombrecillos y la solitaria huérfana real.

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